domingo, 28 de abril de 2013

Lo cierto es que no teníamos ninguna semejanza
más que la de pertenecer a la especie humana,

yo era ese vaso de cristal
de cualquier bar de mala muerte
y tu el suelo en el que yo en un descuido
me convertí en pedacitos. 

yo era velero perdido
en el océano de tu piel.

yo era ese horizonte al que
tu ponías limite. 

yo era tranquilidad
y tu interrupción.

yo era el papel y tu la pluma
que se desplazaba sobre él, ensuciando
el blanco folio, que venia siendo mi ausencia
de preocupaciones.

y que sera de esa...
que se levantaba con las ganas de vivir pegada a la espalda
 y que hoy ya ni la fe le perdura,

supongo que se fue en el momento
que se prometío que jamás volvería a confiar
en alguien que promete mas de lo que finalmente
hace.

y sabes, le va bien...

el dolor ya no predomina, el olvido
vino y se llevo con su paso todo lo que le llevaba
contaminando el alma desde hacia ya tiempo,
y la tormenta parece haberse calmado...

pero su temor a volver
a caer le impide alzar el vuelo
en compañía de otra ave de paso
que se presente con la buena intención
de ser un fiel acompañante, por el mero
hecho de que lo peor de conocerte fue
que ahora todos tus errores los están pagando
todos los demás.


y es injusto, pero también inevitable. 


1 comentario:

  1. Somos objetos perdidos puntos de encuentro pa' perder la razón
    Somos objetos transitivos, para un mismo colchón
    No hay paraísos perdidos, sólo hay neuronas con el viento a favor
    Somos pronombres relativos, buscando peligrosamente ser mordidos

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