Hay personas que llegan a nuestras vidas y que con muy poquito consiguen despertar las ganas de correr y correr y escapar del pozo al que nos abandonamos cuando la decepción nos vino demasiado grande. Pero a veces las ganas no son rivales lo suficientemente fuertes como para derribar el muro que hemos ido construyendo por culpa del miedo. Y es que aunque te pidan que corras, y quieras hacerlo, la posibilidad de que puedan volver a dejarte sola a mitad del camino hace peso en la balanza. Y sí, puedo parecer una cobarde a la que le asuste enfrentarse a los lastres del pasado, pero realmente solo estoy esperando a alguien por el que merezca la pena ser valiente...
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