sábado, 26 de abril de 2014

Miro por la ventana 
y la noche está en calma. 
No hay viento. 
Tampoco lluvia. 
Pero algo dentro de mi 
ha empezado a inundarme,
y no precisamente los vacíos. 

Mi corazón se está llenando de recuerdos.
Y siento que en cero coma,
voy a empezar a vomitar todo el amor en el papel,
cuando querría hacerlo en tu boca. 

Mis manos te buscan en la almohada.
Tocan las sabanas 
y recorren la distancia
hasta el hueco,
el puto hueco en el que solía apoyarse tu cabeza,
buscando encontrarte.
Pero ya no estás. 

Mis labios
buscan los tuyos,
pero solo encuentran sangre
de morderme
para sentir menos,
el dolor de tu ausencia. 

La lluvia
ha inundado mis ojos,
y han descargado torrentes de agua
hasta sufrir de sequía.

Ahora es como si estuviese desvariando en el desierto,
porque estoy sedienta
y solo me ofrecen agua,
cuando yo lo que quiero es tu saliva.


Tengo miedo. 
De caer y no tener tu sonrisa
para darme fuerza 
y levantarme,
como si nada
Como tantas veces has conseguido.

No quiero sentir nada,
si no es tu voz en mi oreja,
tu boca en mi cuello,
tu mano 
en mi cintura,
para no perder el equilibrio.

Y es que desde que no puedo amarte,
estoy en huelga de sentimientos. 
Y que pena,
tener que tirar 
tanto amor a la basura.

Ahora solo soy 
porque tengo que ser
solo sonrío por si me ves
y vuelves a enamorarte
como ya lo hiciste una vez.
O eso decías.

Como duele sentir
que cada minuto
son sesenta segundos malgastados,
porque no estoy contigo. 

Como duele sentir 
las ganas perpetuas
de querer correr a tus brazos,
sabiendo que si lo hago
no vas a estar ahí para recibirme,
que vas a desear que fuese otra. 

Como duele saber
que tus ojos,
asesinos,
ya no brillan por mi
sino por ella. 

Como duele imaginar que tus labios
estén cumpliendo la promesa que me hiciste,
pero con otra. 

Como duele sentir
que yo no soy,
si tú no estás conmigo. 

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