Dicen que el tiempo cura las heridas y yo cada día estoy más convencida de que solo es una mentira que nos cuentan para que no abandonemos la única esperanza que nos queda cuando estamos al borde del precipicio. El tiempo hace que nos acostumbremos a ellas de tal manera que a veces, olvidamos que siguen ahí. Pero solo hasta que nos vuelvan a lamer las cicatrices para luego indagar hasta hacernos sangre y marcharse por la puerta trasera y procurando no ser visto para no tener que pagar las deudas… ahí es cuando nos damos cuenta de que el dolor se calma temporalmente, pero que cuando vuelve, lo hace con fuerza… y que en lugar de volcar en nuestras heridas la culpa de todo lo que nos pasa, tendríamos que darles las gracias por ser las primeras que no han llegado para volver a marcharse…

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