viernes, 5 de septiembre de 2014

El miedo es un hombre mentiroso y demasiado listo como para hacerte creer que te protege para aprovechar tu flaqueza y comenzar la emboscada. Primero entra cual remolino arrasando con todo a su paso, tragándose el valor y la tranquilidad en tu vida. Después continúa atándote a una silla y te muestra todas las oportunidades que tienes mientras te recuerda lo que podría pasar si las cosas no marchan como esperabas. Te dice que si quieres, él te suelta. Pero para entonces tú ya estás demasiado asustada imaginando la vida que tendrías si se cumpliesen sus predicciones. Entonces te mira a los ojos, te los clava, como si fuesen cuchillos. Y lo único que te atreves a hacer es apartar la mirada. Y el ríe. Y tú lloras. Y así van acumulándose asuntos pendientes, trenes - algunos incluso se han marchado de tanto esperar - y se instala la costumbre de decir que no a todo, la sensación de que cada vez que te decides a dar un paso tienes los pies pegados al suelo. Pero tengo un secreto. El miedo lleva las riendas hasta que una persona quiera que las tenga. Plantale cara, en el fondo sólo es un fantasma que desaparece mirándole a los ojos... haz la prueba y dime si miento...

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