viernes, 5 de septiembre de 2014

He intentado buscarle explicación al presente y he acabado asumiendo que la culpa de todo no la tiene nadie excepto yo. Que fui tan despistada que perdí la ilusión de subir a un tren con nuevo destino esperando a otro que no me pertenecía. Por fingir que no, cuando es que sí. Por dejar pasar el tiempo sin agarrarme a las manos que me prestan ayuda por miedo al abandono. Es eso. Que siempre tuve miedo a la soledad, aunque siempre estuve sola y nunca lo supe. Sentirte sola rodeada de gente es un estado que ya no me duele porque se convirtió en mi estado habitual. Y eso sí que es triste. Que pase las noches de invierno viendo como corren las gotas de lluvia en mi ventana cuando los que deberíamos corrernos seríamos nosotros, que pase las de verano bebiendo cervezas o haciendo tiempo pa no llegar a mi casa y así no tener que hundirme otra vez en este mar de lágrimas del que he olvidado el camino hasta la orilla. Muchos dirán que soy una desagradecida y no es cierto, cuido lo que tengo cada día y con palabras seguidas de actos. Pero no puedo negarme a ser lo que soy. Un alma triste. Una amante de los pequeños detalles. Sensible al tacto de la vida. Me encanta vivir pero no puedo hacerlo sin morir o matarme un poco cada día. No puedo vivir sin cerrar los ojos y volar sin necesidad de alas, solo con un cielo infinito de sueños bajo mis párpados. No es propio de mi conformarme con lo que tengo aquí y ahora, siempre querré más y no hablo de cosas materiales. Quiero trepar cada uno de los árboles del bosque de mi imaginación hasta coger el fruto, para después inflarme y crecer un poco cada día. Me resulta imposible salir a la calle sin imaginar la historia que esconde cada persona, sin preguntarme el por qué de sus actos, más por curiosidad en el ser humano que por interés en la vida de los demás. Y puede que penséis que estoy loca, y puede que estéis en lo cierto. Pero nunca las opinión de los demás será tan fuerte como para empujarme a renunciar a ser quien soy. Porque ser sensible no es una desventaja, muchas lágrimas conllevan consigo un brote de inspiración que almaceno en botes como ahorros para cumplir todos y cada uno de mis sueños. Y tengo fe en que si quiero y contribuyo, algún día tendré tantos que podré comprar todos mis sueños junto con talento, destreza y constancia.



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